· Año: 2007
· País: EE.UU.
· Edad: Mayores de 7 años
· Valoración: La intensidad, el ritmo y la euforia de esta película aconseja una respuesta rápida a la siguiente cuestión: ¿quién es ahí el mejor, el personaje o el actor que lo interpreta? Uno es Petey Greene, ex convicto, charlatán y estrella radiofónica a mediados de los sesenta en Washington, y el otro es
Don Cheadle, un actor con más registros encima que el cabo aduanero, y que resulta tan creíble en su zona discreta como en la exaltada. Aquí, se adentra un paso más en esa zona extrema para encarnar al grillado y lúcido Petey Green. Se le saltan los muelles.
La directora,
Kasi Lemmons, es aún más entusiasta que su personaje y su protagonista, a los cuales adora y eso se aprecia con demasiado énfasis desde el minuto uno de película. Se le obliga al espectador a querer al personaje y a admirar al actor. La ascensión hasta las mismísimas puertas del infierno de Petey Green está narrada con mucho énfasis, sí, pero también con gran sentido del humor y con buen oído musical, pues el disc-jockey con ínfulas de filósofo y de redentor de los negros en un época de virulencia racial maneja la muñeca del "soul" magníficamente.
"
Talk to me" se tira en plancha sobre un montón de cactus: la explosión racial, el radicalismo, las servidumbres de los medios de comunicación, la fidelidad a uno mismo, el mal gusto, la furia delante de un micrófono, la arenga a las masas... Terrenos resbaladizos que la película oculta detrás del vistoso personaje y la magnífica interpretación de Don Cheadle. Hoy ya sabemos lo que los micrófonos ocultan: poder, intereses, falta de escrúpulos..., se puede seguir el rastro de pan de nuestros microfonistas como aquél que dejaban Hansel y Gretel en el bosque...
Además de la interpretación y de las excelencias de la música, este arrebatado biopic ofrece un retrato de la época, tanto ideológico como estético, muy atractivo, con ese fabuloso consenso de contra Vietnam vivíamos mejor y con esos trajes como para salir de una tarta. No es una obra maestra porque prevalece la admiración sobre la reflexión, pero sí deja claras algunas ideas sobre lo que debiera ser la radio y lo que realmente es.