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· Año: 2007 · País: EE.UU. · Edad: Mayores de 13 años · Valoración: 3 Resulta difícil hablar de "Expiación" sin revelar aspectos fundamentales de su argumento, ya que es una película que sólo puede entenderse desde su final. Por eso, es un título que probablemente te guste más si la ves por segunda vez. Y por eso te recomiendo que, si no la has visto, no sigas leyendo esta crítica ya que voy a entrar a saco con detalles reveladores de la historia que te van a fastidiar la experiencia.
Como dice Vanessa Redgrave en la última escena de la película, la novela -y, por tanto, la película que adapta dicha novela- es un acto de amor hacia los personajes de Keira Knightley y James McAvoy.
Sólo si tenemos esto bien presente en todo momento podremos disfrutar al máximo la propuesta del director de la excelente "Orgullo y prejuicio", Joe Wright. Por eso una segunda visión se hace necesaria para entender el discurso de la película.
El filme, es evidente - quizá demasiado, porque se le ven mucho las hechuras- , se distribuye en tres actos: pecado, culpa y revelación. Los tres actos al completo, la novela, logran para su autora la expiación buscada durante toda una vida. El primer acto, el del pecado, se caracteriza por las variaciones en el punto de vista de algunas secuencias, aquellas fundamentales para entender los motivos de Briony para acusar a Robby de una violación. Es un primer acto de justificación desde el punto de vista de Vanessa Redgrave, ya que con él quiere que el público entienda 'sus' razones, que entienda que sólo era una niña 'que creyó entender algo que no entendía'. Podríamos concluir por tanto, que el personaje de Vanessa Redgrave no es totalmente sincero y que, además de purgar su culpa, busca también su justificación.
Ese primer acto se cierra con la detención del personaje de James McAvoy, y a partir de aquí empieza una película totalmente distinta, y el acto de amor propiamente dicho al que Vanessa Redgrave se refiere al final del filme. Notarás que desde este momento la película toma un tono distinto, más de culebrón (ese vuelve a mí), incluso algo exagerado. Aunque en una primera visión es imposible darse cuenta, es algo absolutamente intencionado para ofrecer a Cecilia y Robby esa gran historia de amor que no tuvieron.
En términos de realización, el primer acto es elegante, pero relajado: dominan los verdes y los blancos. En el segundo acto, la película se torna oscura, no en vano estamos en tiempo de guerra. Pero la puesta en escena resulta más barroca en este segundo acto, un barroquismo que tiene su máxima expresión en ese brutal, espectacular, maravilloso travelling de 4' de las playas de Dunquerque, un plano secuencia que justifica toda una película. Todo ello se orienta a ofrecer una historia de amor 'bigger than life', que sin embargo se queda en ocasiones a medio camino ya que la película parece deslabazarse ocasionalmente en este segundo acto (en todas aquellas secuencias que pierden de vista a los personajes de Knightley y McAvoy).
El tercer acto es el de la revelación, el de Vanessa Redgrave, y su color es el negro, el de la muerte, el de la verdad. Y el más hermoso, porque nos sitúa ante varias preguntas ¿Cuál es la labor del arte? ¿Contar la verdad, por dura que ésta sea, o inspirar al ser humano, conferirle esperanza? ¿Conseguimos inspirar a través de la esperanza o de la verdad? Cuestiones ante las que todos los artistas se han enfrentado en alguna ocasión. Conclusión de la película: la vida es trágica, sólo el arte puede salvarnos. Sólo por esto Expiación -que no llega a las cotas de Orgullo y prejucio, el brillantísimo debut de Joe Wright-, merece verse y se convierte en una hermosa - y sí, inspiradora -película.
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