· Año: 2007
· País: Rusia
· Edad: Mayores de 7 años
· Valoración: 3
Hace medio siglo, un jovenzuelo procedente de la tele debutó en el cine con una película en la que doce tipos deliberaban en una sala. Medio siglo después, "
Doce hombres sin piedad" reposa en el estante de las obras maestras y su autor todavía colea, a punto de cumplir los 84, hasta el punto de que dignifica nuestra cartelera con la estupenda "
Antes que el diablo sepa que has muerto". Invirtiendo los usos y los husos del mercado, un ruso que solo era un niño cuando se estrenó aquel filme "de juicios" se ha atrevido a robar el argumento para llevárselo a su país, aderezarlo de historias que parecen salidas de la chistera de Chejov y añadirle un giro que enriquece un final inmejorable.
Mikhalkov, quien se permite el lujo añadido de reservarse un jugosísimo papel, demuestra un respeto por los mayores solo superado por su insolencia. No es que el autor de "
Ojos negros" enmiende la plana al maestro, pero demuestra, por lo menos, que no todo está perdido en esto del cine. Agarra a once desconocidos (para el ojo occidental) y los coloca a la altura de
Henry Fonda,
Martin Balsam,
Jack Warden y compañía, los tiene casi tres horas parloteando y consigue que el lector no se pierda en los matices de sus disputas, aligera con sabiduría de viejo zorro la peligrosa densidad de la palabra, mueve la cámara (y la navaja)lo justo para no agobiar, sin dar ni un traspiés delator. A ratos da casi pena haber visto el clásico, porque de otro modo uno saldría del cine pensando que Mikhalkov ha descubierto la pólvora. Al final, conocer el original es un motivo más de alegría, porque permite paladear el último acto en toda su grandeza, tan revelador sobre el ser humano como el comportamiento anterior de los doce hombres del jurado. Porque si el ser humano puede ser miserables o misericordioso, cuando juega a ser Dios y tiene la oportunidad de decidir el destino de sus semejantes aún es capaz de encontrar dentro de sí nuevas inmundicias que enseñar.