|
· Año: 2006 · País: Japón · Edad: Sin clasificar · Valoración: 2 De heroicidades, pequeñas, medianas y grandes está el mundo lleno. Y también la historia. Esta es una proeza relativamente pequeña tirando a mediana, grande para los que la realizaron, por el esfuerzo personal que supuso, y mediana para el observador objetivo. Se trata fundamentalmente de un pueblo minero venido a menos, casi a la mínima, que sólo ve salida en la construcción de un parque temático hawaiano, para lo que necesitan que las hijas de los mineros aprendan las danzas correspondientes. De la lucha ante la moralidad conservadora del país pero, sobre todo, ante sus familias, con el cerco social cerrándose sobre ellas, es de lo que trata la película, que tiene una dignidad entrañable, pero también momentos de gran plasticidad en ciertos tramos de la danza (el baile inicial de Yasuko Matsuyuki es de una belleza indescriptible). Una vez dicho esto, hay mucha capa liviana en este trabajo. Le falta hondura dramática y medio dedo, quizás tres cuartos, metido en la llaga de lo que suponía la ruptura generacional y también del drama que generaba una lucha contra el mundo como el que realizaron las heroínas en cuestión. Además, el optimismo final, con lágrimas, coros artificiales y rendición incondicional del búnker conservador, huele a presión desmesurada del Hollywood japonés de turno. Con todo, con sus acusadas dosis de ñoñería a cuestas, Sang-il ha narrado con corrección (y también con cierto apresuramiento en el tiempo), esta liviana pero bonita heroicidad.
Leer noticia original en: .
|