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· Año: 2007 · País: España · Edad: Todos los públicos · Valoración: 2 Visto desde la perspectiva del tiempo (aunque fuesen cinco años, que en cine español es mucho), lo que consiguió Javier Fesser con "La gran aventura de Mortadelo y Filemón" tuvo casi tanto mérito como si Bacterio ganase el Nobel de Química y Ofelia el de la Paz en el mismo año. Teletransportarnos a las catacumbas de la T.I.A. sin escatimar ni una lombriz fumando "celtas" y servirnos en plan "pulguitas" un buen muestrario de los bocadillos que salieron de los más altos hornos de Ibáñez no se paga con dinero, ni siquiera "petromortadelos". Hasta se perdonaban los tacos y acentos regionales y que Rompetechos fuese un "facha" furibundo. Así, cualquiera que quisiese acometer la continuación de la saga sólo tenía que repasar con tinta fresca tan brillante original, y colorearlo, si no al óleo fino, al menos a la témpera temperamental. Eso ha hecho Miguel Bardem (cuya filiación al pop estrafalario quedó clara con "La mujer más fea del mundo", y a la picaresca cañí con la estimable "Incautos"), aunque, evidentemente, el factor sorpresa fesseriano quede fulminado a las segundas de cambio. Y casi primeras, si se tiene en cuenta los chafarderillos títulos de crédito iniciales, en contraste con el número musical mosquitero de la anterior entrega. Para entendernos: lo que entonces era "El sulfato atómico" o "Moscú 80", aquí es cualquier álbum coyuntural que el genial dibujante despacha últimamente a velocidad de vértigo y con calidad algo justa. Incluso el argumento, con el runrún del calentamiento global, y cuestiones tan pilladas por los pelos como bautizar a un perro virtual Bush para poder llamar animal al inquilino de la Casa Blanca (te tira el Bardem, Miguel), así parecen corroborarlo. Hay gags y personajes de rocambolesca valía (esos villanos Botijola y Todoquisque) y Edu Soto bailotea en la levita de Mortadelo como un niño con zapatófonos nuevos, pero el conjunto pesa demasiado como para levantar el vuelo cual mariposa con bigote. Aunque, qué diantres, tampoco seremos tan mamelucos como para amargar el 50 aniversario a estos héroes nacionales de millones de infancias de ayer y de siempre.
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