· Año: 2007
· País: Thailandia
· Edad: Sin clasificar
· Valoración: 3
En la página 634.784, sección quinta, de la "Guía del autoestopista galáctico", se habla del último grito en ingeniería pija: una industria, sita en Magrathea, dedicada a la construcción por encargo de planetas de lujo, bien sean de oro, de platino, o "de goma blanda con muchos terremotos". Es decir, sueños arquitectónicos a la carta, levantados sobre suelo derruido y yermo. Más o menos lo que plantea esta ópera prima de un tailandés con lejano nombre iraní, cosa que extrañamente se nota. En mitad de un pueblo-páramo con espíritu de paraíso perdido, y tras el manotazo brutal del tsunami, sus habitantes intentan salir del aturdimiento apoyándose en los cimientos de un hotel babilónico y casi tan fantasmal como ellos. La sobrecarga poética no es baladí: Assarat amasa el celuloide con patas de araña y parsimonia de plano secuencia.
Ahora que están de moda las películas sobre viudos, ésta se centra en la orfandad a gran escala de una comunidad entera con las terminaciones nerviosas groguis. Un estado de desánimo que también pringa a la pareja protagonista, que intenta materializar un romance atmosférico pero, a la vez, auténtico, con ecos y murmullos a "
Hiroshima mon amour". Seguramente un Kar-Wai cualquiera le pondría de fondo un anacrónico bolerazo y unos focos de alta costura. Aquí el medio (ambiente) es el mensaje y al debutante le basta hacernos pasar la mirada por el lomo del oleaje tras la tempestad para decir mucho con casi nada. Hasta que llega el epílogo "motero" y con él la demostración de que la peor y más absurda fuerza de la naturaleza tiene dos piernas y pulgar prensil. Lo sabemos de sobra pero conviene recordarlo.