· Año: 2006
· País: Alemania
· Edad: Mayores de 13 años
· Valoración: En un ambiente familiar más o menos apacible, al menos aparentemente, entra un elemento, un joven pariente, que dinamitará esta fachada y propiciará que le veamos las tripas al modelo. Es decir, detrás de ese título tan redondo, "Ping-pong", se oculta un armazón argumental ya un tanto sobado por el cine, pero que suele encontrar la tecla del interés en el espectador.
Un matrimonio, un hijo, el sobrino un tanto descarado que llega tras una desgracia familiar, una casa en el campo, una piscina..., en fin, elementos para encontrar pasadizos emocionales y despeñaderos delirantes. Con menos,
Lucrecia Martel sacó petróleo en la climática "
La ciénaga".
También Matthias Luthardt se estrena en la dirección con esta "Ping-pong", de ahí que tenga un cierto sobrepeso en cuanto a la colección de obsesiones que desparrama en la pantalla y el uso un punto retorcido que a veces hace de ellas, como alguna escena ambigua que nos la muestra a través de la mirada deseosa e impúdica del sobrino hacia la tía, a pesar de que el punto de vista de la película no sea exactamente ése.
Los personajes tienen la temperatura de un sapo, son fríos, grisáceos y lejanos, muy lejanos, como el buen caviar. Uno los mira ahí, en ese ambiente denso y confuso que les prepara el director y les presta una atención directamente proporcional al calor que desprenden; o sea, no es fácil arrebatarse con esta película alemana, con un refilón de francesa y cuya mayor incógnita queda sin resolver: ¿por qué se titula "Ping-pong"?