· Año: 2008
· País: España
· Edad: Sin clasificar
· Valoración: 3
Fernando Colomo, que sabe latín, ha intuido hace ya mucho que los críticos de cine (que son muchedumbre) no pasan por la taquilla antes de entrar a las salas, y por lo tanto no hace las películas para ellos. Si pagaran, y siendo tantos, seguro que procuraba planificar su cine de otro modo menos..., menos..., no sé, a gusto de todos (o televisivo). En "
Rivales", película que es descarada e impúdicamente una comedia, sin más, pero sin menos, se pasa al crítico por el mismísimo forro, que sólo podrá entretenerse en la búsqueda intonsa del plano secuencia y no caer, así, en la risotada fácil que provoca ese batiburrillo de tópicos entre la eterna rivalidad de madridistas y barcelonistas, o madrileños y catalanes.
La situación es desesperante para una mirada rigurosa: la final, en Sevilla, del campeonato de fútbol juvenil entre el Madrid y el Barça, lo que obliga a los padres de unos y otros a emprender un viaje (una road movie garbancera) lleno de problemas, accidentes, trances y percances en los que se demostrarán que todos los arquetipos sobre el "catalán" y el "madrileño" son tan ciertos y certeros como aquellos chistes de Eugenio. Y como el guión viene firmado por Joaquín Oristrell e
Inés París, que algo saben de esto, engarzan ya con otros moldes típicos de la cochambrosa actualidad: el padre separao, el cava catalán, la homosexualidad pujante, las dobles parejas, el macarra madrileño, el botiguer catalán, el ex cura obseso, el tonto el Bush, los bares de carretera o el precio del gasoil...
No diré que "Rivales" posee esa mirada cínica y descriptiva del Berlanga de "
La escopeta nacional", pero sí que tiene unos personajes lo suficientemente extremos y ridículos como para ser, al menos, una pistolilla nacional. Los protagonistas son
Ernesto Alterio, que encarna al padre separao y tronao (qué poco le cuesta a este actor poner cara de psicópata en ciernes);
Jorge Sanz, perfecta reencarnación del "haladrí", "haladrí", de los seguidores del equipo blanco;
Rosa María Sardá, que borda sin esfuerzo el papel de histérica catalana, impertinente, convergente y liante, y en fin,
Santi Millán, el arrimao a Kira Miró, Puigcorbé, María Pujalte,
Goya Toledo..., un montón de personajes, o sea que es una comedia coral, y de carretera, y con el añadido (siempre estomagante para el crítico, pues encima se entiende todo a la perfección) de una estructura forzada en la que los tiempos se quiebran y los espacios se cruzan.
Personalmente, he preferido pagar la entrada y disfrutar la película, en vez de entrar gratis y cabrearme. ¡Y que me llamen público!