· Año: 2007
· País: Corea del Sur
· Edad: Sin clasificar
· Valoración: 4
¿Quién está más solo, un condenado a muerte o una mujer que ya no se siente esposa de su marido? ¿Quién cumple una pena mayor, él, que será ejecutado en pocos días, o ella, atrapada para siempre en una vida que no es la suya? Kim Ki-duk reflexiona sobre el amor y la soledad, la vida y la muerte, la culpa y el perdón, utilizando una vez más en su narración personajes olvidados de la sociedad. Yeon, que aparentemente lleva una vida feliz junto a su hija y su esposo, acaba de descubrir que éste la es infiel. La noticia de Jin, un preso del corredor de la muerte que ha intentado suicidarse por el terror que le provoca su inminente ejecución, despierta en ella una extraña empatía que la empuja a ir a visitarle. El reo está atrapado en el submundo de su celda, donde convive junto a otros tres hombres, y se niega a recibir visitas, pero el hecho de que esta vez sea una mujer despierta su interés y accede. A raíz de este primer encuentro se establecerá una peculiar relación sentimental entre ambos personajes.
El realizador coreano vuelve a utilizar las estaciones del año para desarrollar el film: la joven quiere transmitir al preso las emociones del mundo exterior, por lo que en cada visita ambienta la habitación como una época del año distinta. A causa de su automutilación, Jin no puede hablar, por lo que el peso de la conversación corre a cargo de Yeon, quien comienza sus performances por la primavera, la estación más feliz, haciendo intuir al espectador lo que pasará cuando llegue el invierno, época en la que se encuentran en la realidad. Y mientras tanto, observando a través de la cámara, el guarda de la cárcel, interpretado por el propio Ki-duk para analizar de forma metafórica el vouyerismo cinematográfico: como si de un director de cine se tratase, el guarda controla la cámara, cambia de escena, regula el zoom, y decide cuándo se acaba la secuencia (al tocar el timbre el tiempo de visita expira). Nada está dejado al azar, y la poesía fluye en esta historia de amor trágico apoyada en la fuerza de sus dos intérpretes protagonistas: Chang Chen, capaz de transmitir las emociones del personaje mudo a través de su mirada, y Zia, que refleja con su rostro la profunda soledad que siente Yeon en su interior. Dos almas perdidas condenadas a amarse de forma tan auténtica como irracional. Ambos saben que el final está cerca, pero, ¿vale menos su amor por eso?