· Año: 2008
· País: EE.UU.
· Edad: Mayores de 13 años
· Valoración: 2
Ahora que corren por el carril central los pensamientos únicos y los bipartidismos gazmoños (me gusta esta palabra), no está mal que esa fábrica de unilateralidades llamada Hollywood sirva un filete poliédrico con más caras que una colección de sellos. Desde luego, el chiste estructural del filme es de "trivial, quesito rosa, capítulo primero" -verbigracia, dibujar un mismo suceso, en este caso el atentado al presidente yanqui, desde las perspectivas de los personajes implicados, estilo "
Rashomon"-, pero al novato
Pete Travis se le nota el buen nervio televisivo a la hora de agarrar por el pestorejo, o cerviguillo, la atención del espectador y colocarle en sus distintas balizas narrativas. Bueno, más bien lo consigue hasta que llega la cuarta o quinta cuenta atrás, y uno empieza a estar algo harto de los mismos salmantinos de Tijuana con las banderitas, el mismo sospechoso ventanal entornado y el mismo placaje brutal (se nota que a Quaid le mola el fútbol americano) al pobre
Eduardo Noriega.
Así que, como siempre, se impone jugar a los parecidos razonables:
Sigourney Weaver con Mercedes Milá,
William Hurt con el Rey,
Forest Whitaker con Pedro Solbes... Por fin se acaban las dichosas contrarrelojes y Travis nos cambia los ojos de mosca por las gafas bifocales: dobles presidentes, dobles terroristas, dobles persecuciones... Todo, eso sí, a buen ritmo y mejor comba.
Y casi hasta ahí podemos leer, porque "
En el punto de mira" es, con permiso de "
Abre los ojos", el rey del "cine-spoiler": tiene tantos agujeros, patinajes e incongruencias, detallados en foros internautas, que es imposible apuntarlos sin destripar (o "espoilear") su argumento en el tramo final. En resumen: noventa minutos de pirotecnia y olvido, como las novelas-bonobús que decía el otro día Goytisolo.