· Año: 2008
· País: EE.UU.
· Edad: Mayores de 13 años
· Valoración: 3
Desde los tiempos de "
El graduado" y aún antes,
Mike Nichols parece instalado en cierta clase de escepticismo que lleva hasta sus películas más serias ("
Silkwood" es una de las raras excepciones) al terreno siempre resbaladizo de la comedia encubierta. En "
La guerra de Charlie Wilson" la combinación de géneros es literalmente explosiva, aunque para comprender la ácida visión de los Estados Unidos y de la guerra fría (y no tan fría) que plantea la cinta deben saber que su guionista -contratado antes que el director- es
Aaron Sorkin, autor de la obra teatral "
Algunos hombres buenos" y creador de dos de las series de televisión más inteligentes de la historia, "El ala Oeste de la Casa Blanca" y "Studio 60". La segunda, sobre el mundo de la televisión, ni siquiera fue entendida y sólo duró un asalto.
Este resumen de los antecedentes no basta para imaginar cómo cuentan Nichols y Sorkin, a partir de la novela de George Crile, las proezas de Charlie Wilson, congresista borrachín y mujeriego cuya intervención fue capital para que un grupo de pastores afganos derrotara al ejército soviético. Admitiendo que lo más increíble del personaje es que no se sea un invento literario, bastará un apunte "triviográfico" para retratarlo, siempre bajo el careto de
Tom Hanks: el propio Wilson llamaba a su espectacular equipo de secretarias "
los ángeles de Charlie". Por supuesto, no las elegía al azar. Como explica una de las empleadas al encantado de haberlas conocido
Philip Seymour Hoffman, "puedes enseñarles mecanografía, pero no a que les crezcan las tetas". Y cosas por el estilo, que diría
Kurt Vonnegut, otro descreído que tal baila.
El caso es que, entre escándalo y escándalo, aficionado a todo lo que oliera a clandestino, el tal Wilson fue el artífice de la guerra encubierta contra "los rojos". Con ayuda de un espía no menos atípico (Hoffman, y pueden empezar a quitarse el sombrero) el protagonista logró mover los hilos más tensos de la política internacional, hasta el punto de poner de acuerdo a árabes e israelíes. Wilson era un experto en conseguir fondos para cualquier cosa que se propusiera, aunque la película no deja de señalar que es mucho más fácil recaudar 100 millones para comprar armas que uno solo para construir una escuela. El único efecto secundario del cinismo reconcentrado que destila "La guerra de Charlie Wilson" es cierto desasosiego interior causado por la ambigüedad ideológica. El filme oscila entre un patrioterismo poco asumible en la periferia del imperio y un repaso en toda regla al tan imperfecto como engrasado sistema político yanqui. Es parte de sus desequilibrios.
Luego, claro, uno se encuentra con la profesionalidad de Tom Hanks, la genialidad de Philip Seymour Hoffman y la gracia de
Julia Roberts para encajar en semejante puzle, y perdona hasta las ofensas que no se le han hecho.
Viva el talento.