· Año: 2008
· País: España
· Edad: Sin clasificar
· Valoración: 4
Ruiz ha muerto, pero sus compañeros de trabajo van a llorar poco por él. Su defunción ha dejado libre el puesto de Director de Recursos Humanos, con lo que Lázaro, Adela y Fernando se enzarzan en una encarnizada lucha por el ascenso. Pese a todos sus conocimientos sobre la materia, poco podrán hacer por controlar el estado de su candidatura en el proceso de selección que Luger, un ejecutivo enviado desde arriba, ha escogido para evaluarles. De este modo, Xabi Puebla nos introduce en un interesante análisis sobre el lado más perverso y oscuro del ser humano. Tres aspirantes dispuestos a hacer lo que haga falta para alcanzar el puesto de sus vidas; otros tres aspirantes que optan a entrar en la empresa bajo los maquiavélicos tejemanejes de los tres primeros; y por encima de todos ellos, una especie de emisario supremo, conocedor de la verdad. Lo que puede empezar pareciendo un film realista de denuncia social (acoso, discriminación, alcoholismo) termina revelándose como una fábula moderna a través de este personaje: Luger. Luger conoce las fuerzas y debilidades de los tres protagonistas, y juega con sus miedos y sentimientos hasta hundirles en lo más hondo. Los candidatos sufrirán en sus propias carnes los abusos que ellos mismos llevan cometiendo durante años, con lo que se verán obligados a mirarse en un espejo y actuar en consecuencia.
En una sociedad en la que la tendencia es ceder cada vez más tiempo de la vida personal en pro de la laboral (véase la propuesta de ampliar hasta 65 las horas máximas semanales de jornada laboral hecha por la Unión Europea), cabe preguntarse hasta qué punto estamos dispuestos a dejar de lado nuestra vida personal a cambio de un (¿buen?) trabajo. ¿Hasta dejar de ser nosotros mismos? ¿Somos más felices ganando más? Por supuesto que el dinero ayuda, pero ¿a cambio de qué? 'Bienvenido a Farewell-Gutmann' nos hecha un cubo de agua fría por la cabeza y nos obliga a replantearnos el precio de nuestro tiempo y esfuerzo. Por el lado del reparto, y sin menospreciar la labor de Ana Fernández, Lluís Soler y Adolfo Fernández, cabe destacar el trabajo de Héctor Colomé, capaz de dar vida a un ser tan mítico y misterioso como el del alto ejecutivo y de dar a la cinta el toque de irrealidad necesario para que funcione.