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Autor Tema: Leyendas y cuentos.  (Leído 16749 veces)
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« Respuesta #310 en: 28 de Octubre de 2007, 10:12:38 »

Un cuento para Halloween...


A Imagen y Semejanza
Cuentos de Mario Benedetti

Era la última hormiga de la caravana, y no pudo seguir la ruta de sus compañeras. Un terrón de azúcar había resbalado desde lo alto, quebrándose en varios terroncitos. Uno de éstos le interceptaba el paso. Por un instante la hormiga quedó inmóvil sobre el papel color crema. Luego, sus patitas delanteras tantearon el terrón.


Retrocedió, después se detuvo. Tomando sus patas traseras como casi punto fijo de apoyo, dio una vuelta alrededor de sí misma en el sentido de las agujas de un reloj. Sólo entonces se acercó de nuevo. Las patas delanteras se estiraron, en un primer intento de alzar el azúcar, pero fracasaron. Sin embargo, el rápido movimiento hizo que el terrón quedara mejor situado para la operación de carga.


Esta vez la hormiga acometió lateralmente su objetivo, alzó el terrón y lo sostuvo sobre su cabeza. Por un instante pareció vacilar, luego reinició el viaje, con un andar bastante más lento que el que traía. Sus compañeras ya estaban lejos, fuera del papel, cerca del zócalo. La hormiga se detuvo, exactamente en el punto en que la superficie por la que marchaba, cambiaba de color. Las seis patas hollaron una N mayúscula y oscura. Después de una momentánea detención, terminó por atravesarla. Ahora la superficie era otra vez clara. De pronto el terrón resbaló sobre el papel, partiéndose en dos.


La hormiga hizo entonces un recorrido que incluyó una detenida inspección de ambas porciones, y eligió la mayor. Cargó con ella, y avanzó. En la ruta, hasta ese instante libre, apareció una colilla aplastada. La bordeó lentamente, y cuando reapareció al otro lado del pucho, la superficie se había vuelto nuevamente oscura porque en ese instante el tránsito de la hormiga tenía lugar sobre una A. Hubo una leve corriente de aire, como si alguien hubiera soplado.


Hormiga y carga rodaron. Ahora el terrón se desarmó por completo. La hormiga cayó sobre sus patas y emprendió una enloquecida carrerita en círculo. Luego pareció tranquilizarse. Fue hacia uno de los granos de azúcar que antes había formado parte del medio terrón, pero no lo cargó. Cuando reinició su marcha no había perdido la ruta. Pasó rápidamente sobre una D oscura, y al reingresar en la zona clara, otro obstáculo la detuvo. Era un trocito de algo, un palito acaso tres veces más grande que ella misma. Retrocedió, avanzó, tanteó el palito, se quedó inmóvil durante unos segundos. Luego empezó la tarea de carga. Dos veces se resbaló el palito, pero al final quedó bien afirmado, como una suerte de mástil inclinado. Al pasar sobre el área de la segunda A oscura, el andar de la hormiga era casi triunfal. Sin embargo, no había avanzado dos centímetros por la superficie clara del papel, cuando algo o alguien movió aquella hoja y la hormiga rodó, más o menos replegada sobre sí misma. Sólo pudo reincorporarse cuando llegó a la madera del piso. A cinco centímetros estaba el palito.


La hormiga avanzó hasta él, esta vez con parsimonia, como midiendo cada séxtuple paso. Así y todo, llegó hasta su objetivo, pero cuando estiraba las patas delanteras, de nuevo corrió el aire y el palito rodó hasta detenerse diez centímetros más allá, semicaído en una de las rendijas que separaban los tablones del piso. Uno de los extremos, sin embargo, emergía hacia arriba. Para la hormiga, semejante posición representó en cierto modo una facilidad, ya que pudo hacer un rodeo a fin de intentar la operación desde un ángulo más favorable. Al cabo de medio minuto, la faena estaba cumplida. La carga, otra vez alzada, estaba ahora en una posición más cercana a la estricta horizontalidad. La hormiga reinició la marcha, sin desviarse jamás de su ruta hacia el zócalo. Las otras hormigas, con sus respectivos víveres, habían desaparecido por algún invisible agujero. Sobre la madera, la hormiga avanzaba más lentamente que sobre el papel. Un nudo, bastante rugoso de la tabla, significó una demora de más de un minuto. El palito estuvo a punto de caer, pero un particular vaivén del cuerpo de la hormiga aseguró su estabilidad. Dos centímetros más y un golpe resonó. Un golpe aparentemente dado sobre el piso. Al igual que las otras, esa tabla vibró y la hormiga dio un saltito involuntario, en el curso del cual, perdió su carga. El palito quedó atravesado en el tablón contiguo. El trabajo siguiente fue cruzar la hendidura, que en ese punto era bastante profunda. La hormiga se acercó al borde, hizo un leve avance erizado de alertas, pero aún así se precipitó en aquel abismo de centímetro y medio. Le llevó varios segundos rehacerse, escalar el lado opuesto de la hendidura y reaparecer en la superficie del siguiente tablón.


Ahí estaba el palito. La hormiga estuvo un rato junto a él, sin otro movimiento que un intermitente temblor en las patas delanteras. Después llevó a cabo su quinta operación de carga. El palito quedó horizontal, aunque algo oblicuo con respecto al cuerpo de la hormiga. Esta hizo un movimiento brusco y entonces la carga quedó mejor acomodada. A medio metro estaba el zócalo. La hormiga avanzó en la antigua dirección, que en ese espacio casualmente se correspondía con la veta. Ahora el paso era rápido, y el palito no parecía correr el menor riesgo de derrumbe. A dos centímetros de su meta, la hormiga se detuvo, de nuevo alertada. Entonces, de lo alto apareció un pulgar, un ancho dedo humano y concienzudamente aplastó carga y hormiga.
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« Respuesta #311 en: 28 de Octubre de 2007, 10:14:23 »

Leyendas del desfiladerode la Hermida

El desfiladero de la Hermida es el paso natural de Cantabria a Castilla León, paso obligatorio desde tiempos ancestrales. Durante la conquista de la península por los musulmanes ese fue el primer punto donde los visigodos, encabezados por Don Pelayo (que si, que si, que es asturiano, pero que estamos hablando del limite entre las dos comunidades) comenzó la reconquista.

Cuenta la leyenda que tras ganar la batalla de Covadonga, se siguió a los musulmanes hasta el desfiladero de la hermida para expulsarlos del norte de la península, en este desfiladero estrecho a mas no poder los musulmanes se apresuraron a salir, y Don Pelayo desde lo mas alto de un monte cercano vio todo arrasado y dos lagrimas suyas cayeron por su cara taponando el desfiladero, hoy en día se puede ver dos grandes rocas redondas en el centro del Deva, esas rocas reciben hoy el nombre de las Lagrimas de Don Pelayo, y un poco mas abajo en el pueblo de la Hermida, están los restos de la ermita de San Pelayo construida en honor al reconquistador.

Otra leyenda más de este desfiladero. A la entrada, pasados apenas unos kilómetros, nos encontramos con el mejor templo mozarabe de Cantabria, Santa Maria de Lebeña, construida por los Condes de Lebeña en el siglo X para conmemorar la victoria sobre los árabes, esta iglesia se encuentra situada junto a un olivo y un tejo milenario, árbol que también está cargado de mágico simbolismo: tanto según el historiador Plinio como el geógrafo griego Estrabón, los antiguos cántabros utilizaban el veneno extraído del tejo —todas sus partes son tóxicas excepto el fruto— para suicidarse en lugar de rendirse al enemigo. Toda esa zona cercana a la iglesia esta cubierta de pequeñas cuevas y se cuenta que en una de ellas, está sepultada una hermosísima Reina Mora llorando el cruel encantamiento que la convirtió para siempre en una estatua de piedra sobre la que resbalan sus lágrimas. A la media noche recobra la vida y recorre las salas subterráneas entre suspiros y sollozos, llamando a sus compañeros muertos en la batalla de Covadonga y a los que, huyendo de su derrota, hallaron su final en esta sima.
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« Respuesta #312 en: 28 de Octubre de 2007, 10:17:59 »

EL ALMA DE LAS MARIPOSAS


Este bello relato combina la virtud budista de la piedad filial con la creencia shintoísta de que tanto las cosas, animadas como las inanimadas, tienen un espíritu.

Un muchacho y una joven que compartían una gran pasión por la jardinería contrajeron matrimonio. Vivían juntos y dichosos, y su amor por las plantas sólo se veía sobrepasado por el placer que encontraba cada uno en la compañía del otro. Al cabo de los años tuvieron un hijo que, afortunadamente, heredó el interés de sus padres por las plantas. Llegados a la vejez, éstos murieron con escasos días de diferencia, cuando el hijo era todavía joven. el mucacho asumió la responsabilidad de cuidar el jardín, con el esmero y la devoción que había aprendido de sus padres. En la primavera que siguió a la muerte de ambos, vio cada día dos mariposas en el jardín. Cierta noche soñó que su madre y su padre paseaban por su amado jardín observando detenidamente aquellas plantas que tan bien conocián para ver cómo crecían cuidadas por el joven. De repente, los dos ancianos se conviertieron en dos mariposas, pero prosiguieron su ronda por el jardín, posándose en las flores. Al día siguiente, el muchacho vio que la pareja de mariposas seguía en el jardín, y comprendió que contenían las almas de sus padres: continuaban disfrutando del placer en que habían ocupado sus vidas.
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