· Año: 2008
· País: España
· Edad: Mayores de 7 años
· Valoración: 2
El asombroso complejo de avestruz exhibicionista que domina al gremio actoral hace que, en muchos casos, los intérpretes que debutan en la dirección planten la cámara en algún diván psicoanalista y enfoquen el gran angular hacia los menudillos y demás vísceras de su profesión. Aunque este impulso no sólo afecta a debutantes sino también a ilustres veteranos crepusculares (véase Gonzalo Suárez y su "
Oviedo Express"), según cómo les sople el viento neurótico.
Silvia Munt había amagado el golpe con su primerizo documental sobre Gala, pero en su ópera prima de ficción hace pleno con la historia de una representación de Chéjov con el telón lleno de carcomas y remiendos.
Aparte de figurar como cineasta y guionista, Munt también encarna a la protagonista, una tal Viena (no sabemos si su apellido es Capellanes, pero molaría), directora teatral en crisis sobre cuya figura omnipresente orbitan no pocos tópicos y subrayados: un "galán" borracho y canallita, una primera actriz guapetona y lerda, un marido en crisis, un hijo adolescente obsesionado con grabar los sonidos del silencio interior, o así... Todo muy de arte y ensayo, con gentes que se ríen poco, se "encaman" menos (y tarde y mal), no ven la tele y son capaces de filosofar sobre la metafísica de las costumbres con una croqueta de bacalao sujeta con dos dedos.
Así, la película hace pie, sin llegar a tocar fondo, gracias al buen "oficio" de la Munt y a alguna subtrama (metida con calzador) como la de la enfermera insomne encarnada por
Laia Marull (y el eterno Alexandre) o el cuñado "cuñao" al que da vida (breve) el cada vez más inspirado Àlex Brendemühl. Pero el resultado global es tan esforzado y forzoso como el striptease de una tortuga, y casi igual de lento, aunque tendrá sus fetichistas. Del cartelito hablamos otro día.