· Año: 2005
· País: Alemania
· Edad: Sin clasificar
· Valoración: Ésta es una película que te deja sin palabras, como muda es ella misma. No necesita narración ni comentario alguno para hacernos pensar o, incluso, para que nos replanteemos nuestros hábitos alimentarios en lo que se tarda en decir transgénico. Lo que hace es mostrar la producción industrial de lo que comemos cada día, con una mirada tan desa-pasionadamente fría que da dentera. Vacas, cerdos, pollos y gallinas (las plantas dan menos pena) viven en una especie de granja-matrix que los sitúa sin ninguna consideración en una cadena de montaje, o de desmontaje, al final de la cual se los trocea serialmente.
Contra el fondo omnipresente del ruido de motores y máquinas, los silenciosos operarios, que operan tan mecánicamente como los aparatos que utilizan, parecen salidos de la granja invernadero de una estación lunar; y lunar es desde luego la belleza o el horror que evocan muchas de estas imágenes. No se trata de defender los sentimientos de los animales, pero uno añora la imagen del cerdo pata negra campando alegremente por el monte en busca de sus bellotas frente a estas pobres víctimas de la cadena alimentaria.
Con materiales similares hizo
Georges Franju un clásico del documental y del surrealismo ("La sangre de las bestias"); aquí prima un hiperrealismo que crea una atmósfera mucho más inquietante.