· Año: 2007
· País: España
· Edad: Mayores de 13 años
· Valoración: 4
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Lo mejor de mí" es una película tan cortita (no llega a la hora y media), barata y carente de petulancia que es muy fácil pasarla por alto. Hay quien ha dicho que tiene el aspecto de un telefilme. En efecto, ha costado menos que algunos de ellos, aunque su calidad va más allá de haber sido rodada en 35 milímetros. También es cierto que la historia que plantea es sencilla y, oh pecado, comprensible para el espectador medio (y hasta bajo), lo que no la hace menos inteligente, más bien al contrario. En cualquier caso, y para que el lector sepa a qué atenerse en caso de duda, es mejor exagerar un poquito a su favor que racanear elogios a un trabajo tan profundo y bien interpretado. Ojalá el cine patrio nos regalara muchos personajes como el de
Raquel, la joven enamorada que se ve en la tesitura de pasar por el quirófano para salvar la vida de su novio, quien necesita un trocito de hígado sano como agua de abril (si espera a mayo, la palma).
Marián Álvarez tampoco tiene todo el tiempo del mundo -recuerden que son 85 minutos- para llenar su mirada de emociones, a veces encontradas, pero nunca perdidas por falta de atención de la novel directora, quien sabe captar el estado de gracia de la intérprete. La mirada transparente de la chica ahorra decenas de líneas de diálogo. Su capacidad para despojarse de tics y sustituirlos por matices nos lleva a derrochar elogios.
Roser Aguilar también aúna tantas virtudes que es difícil resumirlas. En lugar de embarullar la trama con situaciones rocambolescas y personajes estrafalarios -más bien, algún papel sufre solorosas amputaciones en la sala de operaciones-, la directora deja que su película respire a través de su protagonista femenina, muy bien secundada por el resto del elenco. Quizá el cine español necesite trasplantarse algo a sí mismo para salvar la vida, mientras el Ministerio de Cultura recupera espectadores de debajo de las butacas. La receta de "Lo mejor de mí" no puede ser más fácil de aplicar: un buen guión, trabajado y documentado, intérpretes tan preparados como los que tenemos y el mandamiento sagrado de pensar en el público antes que en uno mismo.