· Año: 2007
· País: Alemania
· Edad: Mayores de 13 años
· Valoración: 3
A Stefan Ruzowitzky le bastan 80 minutos para contar "la mayor estafa de la historia". En plena decadencia nazi, sus jerarcas ponen en marcha la "Operación Bernhard", dirigida a financiar la guerra y, de paso, hundir las economías aliadas mediante el nada original pero muy rentable método de fabricar dólares y libras esterlinas a granel. El director austríaco tiene en sus manos dos ases: el personaje del genio falsificador, un prestidigitador que si necesita dinero sólo tiene que darle a la manivela de su talento; y la increíble historia del barracón de lujo donde tipógrafos y artesanos judíos rescatados de las cámaras de gas castigaban su conciencia y permitían que el Tercer Reich mimara sus cuerpos a cambio de su colaboración.
Con tan buenas cartas en la mano, Ruzowitzky apuesta por el conflicto moral, probablemente con buen criterio. Enfrenta al descreído protagonista, sabedor de que lo único importante es sobrevivir, con el idealista fanático dispuesto, como el soldado del chiste, a no comer para que se fastidie el comandante. Éste, cercano al primero por su riqueza en matices, viene a hacer de croupier. Comprado, por supuesto.
A la cinta le falla, sin embargo, algo tan sencillo como el mecanismo de la intriga. Lo que vemos es tremendo, pero ya sea por falta de desarrollo (lo bueno, si breve, a veces es un poco menos bueno) o porque la estructura dramática está mal rematada, la emoción se escapa entre los muñones y queda una sensación agridulce de oportunidad perdida. La escena del banco en la que se descubre la calidad de las falsificaciones es paradigmática. Concebida para aumentar la tensión, su artificiosidad consigue justo lo contrario. Por contra, el desgarro interior de los personajes merecía más atención. Pero aunque no sepa llegar tan hondo, el drama es digno de verse.