· Año: 2007
· País: Israel
· Edad: Sin clasificar
· Valoración: Esta película del israelí Eran Korilin causó mucho revuelo entre los críticos americanos, que deploraron que se rechazara para el Oscar al mejor film extranjero por estar hablada gran parte en inglés. La Academia se lució, en efecto (no es la primera vez): cuenta lo que ocurre cuando una orquesta egipcia se pierde en el Israel "profundo", adonde ha ido para dar un concierto, y el inglés es la única lengua en la que pueden entenderse árabes y judíos. El idioma, y más en general, la comunicación entre dos pueblos que llevan medio siglo al borde del abismo, es justamente el tema de la película; no una cuestión secundaria.
A favor de Korilin hay que apuntar que el conflicto palestino no se menciona ni una sola vez en los diálogos, aunque una vieja reticencia explica algunos silencios y miradas embarazosas que se producen a lo largo de la jornada de confraternización forzosa que se relata. Es loable el peculiar humor de que hace gala el realizador, que juega a fondo con una incongruencia visual: la que generan los ocho miembros de la Orquesta Ceremonial de Alejandría, con sus rutilantes uniformes azules, perdidos en un pueblucho al que (por fortuna) le quedan lejos los sangrientos titulares que nos llegan de Israel.
Curiosamente, su principal interés es la improbable historia de amor incipiente entre la atractiva divorciada judía que acoge a los músicos y el director de la banda, un viudo bastante mayor que ella interpretado por
Sasson Gabai con una sordina humorística que le lleva a adueñarse de la función. La anécdota puede parecer minimalista pero consigue plasmar un tema que otros habrían hinchado con simbolismos y excesos ideológicos: es posible la convivencia incluso en ese rincón del mundo