· Año: 2007
· País: EE.UU.
· Edad: Mayores de 13 años
· Valoración: 2
Hace bien poco hemos comprobado en nuestras propias carnes y rotativas el impacto mediático de ver a una mujer menudita y embarazada intentando poner firme a un colectivo plagado de ronchas rancias y apóstoles de las cuatro voces. Una imagen romántica y casi bíblica que reproduce fielmente este filme, con
David como sufrida esposa-madre norteamericana y Goliat como la mismísima CIA, que ha secuestrado a su marido de origen egipcio por una peregrina conexión con unos terroristas que acaban de reventar una plaza pública norteafricana. Nada nuevo, pues el cine ha insistido en los métodos intrigantes y sietemachos de la central de inteligencia yanqui desde sus inicios con la Guerra Fría soplando en el cogote (ver "
El buen pastor") hasta ahora mismo, con la paranoia 11-S en plena ebullición.
A este segundo grupo pertenece "
Expediente Anwar", una película con las tuercas más apretadas que las de un submarino pero con un inconfundible tufo telefilmero que se desliza cual hilillo de chapapote.
Lo que no se le puede negar a
Gavin Hood es su puntería (por algo su nombre suena a arquero all-star) a la hora de conquistar la torre de Hollywood. Primero gana el Oscar foráneo con la impactante "
Tsotsi", luego ensaya la protesta efectivista con un reparto plagado de estatuillas andantes y, próximamente, se deja de gaitas y abraza al dólar esponjoso con "Lobezno", secuela-spin off de "
X-Men".
Sin embargo, la película no es, ni mucho menos, desdeñable: tiene destellos de cine inteligente cogido por los cuernos, de valiente denuncia setentera, y de diálogos y encontronazos de los que hacen afición (Reese versus Meryl, Arkin versus Sarsgaard...). Y, sobre todo, un elegante juego de flash-backs al narrar la conexión sentimental entre el terrorista y la hija del carcelero. Por eso molesta tanto que algunos personajes y situaciones sean puro estereotipo de cartón-piedra, como las interminables y "aburridas" sesiones de tortura con el poli bueno-poli malo o ese final de chichinabo. En fin, que había un tigre demasiado grande como para ponerle un cascabel gatuno. Claro que otros han salido peor parados del zarpazo.